La playa Glyko fue un lugar increíble que encontramos en Corfú, y lo disfrutamos mucho con mi novia. Es una pequeña playa apartada que se sentía como una joya escondida. Está cubierta de piedras, y aunque no es enorme, la tranquilidad la hacía perfecta para un día de relajación. Las aguas turquesas y cristalinas son hermosas, aunque hay algunas rocas más grandes en el mar de las que hay que tener cuidado. Las montañas verdes que la rodean le dan un impresionante telón de fondo del que no podíamos tener suficiente.
Bajamos por un sendero corto para llegar allí, lo que añadió a la aventura. Aunque no hay bares en la playa ni instalaciones organizadas, eso es parte de lo que hace que se sienta tan virgen. Si buscas un lugar pacífico alejado de las multitudes, este es el ideal. El aparcamiento puede ser un poco complicado, así que dejamos nuestro coche un poco más arriba y caminamos hacia abajo.
La vista es hermosa, como en un sueño. Si quieres visitar esta playa, necesitas pasar por un patio privado, pero el dueño estaba encantado, incluso nos mostró por dónde ir. La vista es maravillosa. Subes por un callejón con escaleras de concreto entre unas casas muy bonitas, después bajas hasta la puerta de madera. Tras esta puerta, desafortunadamente, encontramos una sencilla escalera de aluminio, porque los escalones de concreto estaban destruidos, se podían ver cayéndose. No bajé a la playa, pero el agua es muy resbaladiza, es una playa rocosa con grava fina.